Hasta luego…


Caballos #10

Como reza el título de esta entrada, esto es una despedida.

Seré breve: el tiempo es un recurso escaso y en estos momentos hay otras prioridades que el blog.

Espero volver algún día, porque tengo muchas, muchísimas cosas para contar.

 

¡Muchas gracias por haberme acompañado!

Once motivos para ‘veranear’ en un pueblo


Llegó el verano y la gente huye de las ciudades. Muchos vuelven ‘al pueblo’, y es que son muchas los motivos para ir pasar el verano en el campo; aquí te damos once:

1. El descanso está garantizado

Por lo general, la vida en los pueblos transcurre de forma tranquila. No hay nada que altere los horarios y no hay coches, sirenas de ambulancias o ruidos estridentes. Eso sí, hay gallos que cantan o perros que ladran, pero eso forma parte del hilo musical.

2. Se come bien

En los pueblos la gente sigue produciendo buena parte de los alimentos que consume. Por lo general, si no eres un rata, los vecinos te regalan lechugas, patatas, tomates, huevos, judías verdes, chorizos, manzanas y otras cosas producidas por ellos. Ahora bien, esto suele funcionar gracias a unas reglas de reciprocidad no escritas (p.e. tu le sintonizas los canales en la tv a la vecina, y ella te lleva unas lechugas; pero has de tener en cuenta que si no das nada, no esperes nada)

Ah! También hay restaurantes….

3. Son sitios seguros

A diferencia de las playas y otros destinos turísticos, en los pueblos no acostumbra a haber delincuencia (la Guardia Civil suele tener muy controlados a los malhechores). Lejos quedan los tiempos en los que se dejaba la llave en la puerta e incluso las ventanas abiertas por mor del calor, pero nada que ver con lo que pasa en las ciudades

4. Todo es más barato

Por lo que te cuestan dos cervezas en el centro de cualquier capital, en un pueblo invitas a una ronda a los 8-10 paisanos que haya en el bar: pagando menos, quedas como un burgués…  Y cuando decimos que ‘todo’ es más barato, es ‘todo lo que habitualmente’ se puede comprar en los pueblos.

5. Te puedes olvidar del móvil…

…entre otras razones porque no hay cobertura. Si eres de un operador raro, lo lógico es que no haya cobertura. Si eres de un operador conocido, de esos que continuamente te estafan, pues te sentirás aún más estafado: o has ido a veranear a un pueblo que está en una ‘zona de sombra’ y no hay cobertura; y si la hay, las redes están saturadas. Por supuesto: olvídate del 3G, del wi-fi y de todas esas modernidades…

6. Cada día es fiesta en el pueblo de ‘al lado’

Desde el 24 de junio (San Juan) hasta mediados de septiembre hay fiesta en ‘el pueblo de al lado’; eso sí, hay que preguntar a los locales que son los que controlan el calendario.

7. Puedes volver a practicar deporte o aficiones que tenías abandonadas

Si has elegido ir a veranear al pueblo, es el momento de vivir ese momento indescriptible de ponerte las zapatillas y el pantalón de deporte, correr cien metros y tumbarte al lado del río a la sombra porque estás asfixiado… Y sí, también hay hobbies menos exigentes: pasear, recolectar mariposas, hacer fotos, leer un libro, seguir los corros de lucha leonesa…

8. Se respira aire puro…

Por lo general, y si no tienes una central térmica al lado, en los pueblos se respira aire puro.

9. Es el momento de ‘hacer sociales’

En el pueblo hay muchos espacios y momentos para conversar con los ‘indígenas’ y conocer otras formas de vida. Todo parece dado para la charla amigable; precisamente, una buena costumbre que aún se mantiene es, una vez oscurece, ‘salir al fresco’ y charlar con los vecinos.

10. En algunos pueblos queda naturaleza…

Eso. En el campo hay ríos, bosques, bichos, animales salvajes… lo peor es que a estos últimos te los puedes encontrar de noche cuando vienes con el coche de la fiesta del ‘pueblo de al lado’.

11. Puedes participar de costumbres y tradiciones milenarias.

Concejos, hacenderas, fiestas patronales… son tradiciones que tienen miles de años y que aún se conservan en los pueblos ¿no es increíble?

Si se te ocurre alguna razón más de por qué veranear en un pueblo no dudes en añadirla a los comentarios

Las gestas medievales o la gilipollez elevada al cubo


Passo honrosoLos bobos y los amantes del circo ya tienen fecha para disfrutar: los próximos días 6 y 7 de junio se celebrarán en Hospital de Órbigo las justas medievales del Passo Honroso.

Justamente una de las ‘fiestas’ más cutres que uno se puede encontrar son las justas y los mercadillos medievales.

Imagino que muchos lectores de este blog ya conocen de donde viene toda esa parafernalia y la historia de Don Suero de Quiñones, así que no entraré en muchos detalles.

Don Suero, imagino que ‘Suerín’ para los amigos, era un ‘niño de papá’ bien, hijo del Merino de Asturias. Con 25 añines, le entra la calentura por una moza y, aburrido y ocioso como estaba, no se le ocurre otra cosa que ponerse una argolla al cuello y retar a duelo, ni más ni menos que ‘a todos los caballeros de la Cristiandad’ que pasasen por el puente de Hospital de Órbigo. Vaya, que además era un ‘fantasma’.

Bien. Al final convoca a todos sus ‘coleguitas’ como el hijo del Almirante de Castilla (sí, sí, Castilla, han leído bien) y otros ociosos varios. Conocida la afición de la nobleza medieval a vivir del cuento y del esfuerzo de los campesinos, se apunta mucha gente.

El resultado fue que Don Suero lo pasó en grande, aunque no todo el mundo sabe que, años después, la tontería esta de las justas le costó la vida. Pues sí, tuvo un ‘pique’ con un tal D. Gutierre de Quijada, que se ofende porque quería enfrentarse directamente a Don Suero y no lo dejan. Casi veinte años después, cerca del pueblo de Castroverde, Don Gutierre le tiende una emboscada con resultado de muerte para el leonés. En fin…

Todo bastante patético, la verdad. Pero lo que resulta más patético aun es que haya este tipo de celebraciones. Me gustaría que alguien en los comentarios me explique qué es lo que realmente se celebra. ¿La tontería de un niño de papá? ¿La gesta de un noble? ¿Qué tiene realmente esto de tradición?

Alguien se preguntará que qué es lo que me molesta de todas estas historias. Me molesta la ignorancia, me molesta la idiotez, me molesta que cuatro listos saquen partido de estas cosas… Me molesta que la gente de León no conozca nada de la historia de León. Me molesta la incultura… Me molesta que los ayuntamientos gasten en circo lo que no invierten en cultura… Me molesta que estas cosas sean consideradas ‘tradiciones’… Me molesta que nos quieran hacer comulgar con ruedas de molino y que estos aquelarres sean considerados cultura… Porque además ha sido declarada de interés turístico regional. En fin…

Así nos va…

Como imagino que entre los lectores del blog hay amantes de estas francachelas medievales y para que vean que no soy rencoroso, en este enlace tienen un listado de mercados medievales. Ahora bien, me gustaría poner a prueba sus conocimientos con la siguiente encuesta:

 

¿Nos hemos vuelto muy señoritos o muy idiotas?


Vacas #8

 

Hoy voy a empezar la entrada con un chiste sobre un rapaz que había emigrado a Madrid.

 

 

 

Resulta que después de un año en Madrid trabajando de mozo de almacén, a un rapaz al regresar al pueblo de vacaciones parecía se le había olvidado todo lo que tenía que ver con la vida en el campo. Charlando con el vecino que estaba preparando para acarrear la hierba le iba preguntando el nombre de las cosas:
- ¿Y cómo dices que se llama esa tira de cuero que le pones a las vacas?
- Chamámoslo sobeu, yía pa’ uñir las vacas al carru.
- ¿Y eso otro?
- Esu las cornales, esu yía el jugo, esu las mullidas… son apeiros.
El paisano del pueblo, entre incrédulo y desconfiado, le iba recordando nombres como la forca, la bielda, la garabita, el gadaño…
- Ome, pero no fastidies, ¿no t’alcuerdas de nengún nome d’estus?
- No que va. En Madrid es otra vida. Allí no hay este atraso, y la gente habla bien, no como en estos pueblos.
En esto, el que no quería saber nada del pueblo pisa los dientes del rastro que, al hacer palanca, sale disparado pegándole un tremendo castañazo en la nariz; medio aturdido por el golpe, exclama: 
- Me cagon’el rastrio y la puta que lu paríu!
- Demoñe, demoñe, que rápidu recupereste la memoria!

Bien, en los pueblos está pasando algo muy parecido. Muchos vecinos perdieron la memoria. Hasta hace cuatro días todos tenían vacas, gochos, ovejas y gallinas, pero hoy molesta todo. Molestan las ‘cagayas’ de las ovejas o las ‘moñicas’ de las vacas… Molestan que ladren los perros, que canten los gallos, que toquen las campanas de la iglesia.

El colmo es que en algunos casos se ha llegado a multar al dueño de una vaca que cagó en la calle (sí, como lo leen: en este enlace tienen la noticia) o se ha denunciado al dueño de un gallo, o ¡qué se yo!… la gente está muy mal.  Es entendible que si alguien está estresado, va al pueblo en busca de tranquilidad y se encuentra con gallos que cantan de madrugada, perros que ladran a la noche, vacas que cagan por la calle, es normal se le agudice el estrés. Lo malo no es eso. Lo malo es que esas cosas a quien más parecen molestar es a gente para quienes hasta hace cuatro días el cubil de los gochos era una habitación más de la casa.

Respecto a los primeros, cuitadines, se imaginaban algo que no es y que la gente de los pueblos ya sabían: que la vida en el pueblo nunca fue algo idílico. A la dureza del trabajo en el campo, hay que añadir envidias, rencillas, disputas seculares, odios irracionales, ignorancia, etc. Precisamente, eso es lo que está detrás de las protestas de los segundos, de esos que habiendo vivido toda la vida en el pueblo les molesta una ‘moñica’ de vaca y se quejan. Quizás también porque es cierto el refrán de ‘nunca pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió…‘.

No me alargo más. Es cierto que hay que mantener los pueblos cuidados, y evitar actividades molestas, pero… también hay que respetar a la gente que vive en los pueblos. Queremos que se quede gente joven en el pueblo y después nos molesta todo… Que cada cual saque sus propias conclusiones…

En fin. Anímate y deja tu comentario, que seguramente tienes algo que contar.

Una imagen de la maldad


LoboLa foto que acompaña el texto fue tomada hace días. Se trata de un lobo que apareció en Lena (Asturias) colgado en una señal de tráfico.

Es una perfecta imagen de la maldad. No porque sea de un lobo, animal que en las zonas rurales representa precisamente la maldad, sino porque quien se dedica a hacer algo así es un ser muy vil, ruin, miserable y mala persona.

Ya en próximas entradas trataremos del lobo en las zonas rurales, tema polémico donde los haya, epicentro del enfrentamiento entre dos visiones del mundo rural: ganaderos vs. ecologistas, con los gobiernos autonómicos como árbitro, a veces no neutral. Hay mucho que decir del lobo. Temido y odiado por unos, admirado y mitificado por otros, es difícil llegar a discutir de este tema sin que no se calienten los ánimos. Baste mirar en Facebook alguno de los grupos y discusiones en torno al tema.

Seguramente que en estas polémicas, los ganaderos tienen mucha razón en sus quejas; también los defensores de los animales tienen sus motivos, y muy razonables. Pero quien sobra en esta discusión son aquellos cazadores que gozan matando y se aprovechan de los argumentos de los primeros.

No me extiendo más. Si el salvaje o los salvajes que hicieron lo de la foto piensa que ayuda a los ganaderos, se equivoca y mucho; si piensa que con algo así amedrenta a alguien, se vuelve a equivocar. Con una acción así lo único que hacen es demostrar que además de tontos son muy malas personas.

Pérdidas, desapariciones y olvidos #3: los velorios


EntierroOdio los tanatorios.

Una de las peores cosas que la ‘modernidad’ ha traído a los pueblos, son los modernos tanatorios. Es todo tan aséptico, tan frío, tan distante, tan limpio, tan puntual que da un poquitín de asco.

El lector se preguntará que qué veo de malo. En primer lugar, el moderno tanatorio cierra a las 10 de la noche, y el difunto se queda solo toda la noche. ¿Se imaginan lo duro que debe ser para el muerto pasar toda la noche sólo? Se debe hacer eterno…

Bueno, al margen de ironías y chistes malos, creo que todo tiene que ver con una modernidad mal entendida. A ver cómo lo explico. El hombre es un ser social y toda la vida viene marcada por ritos sociales como son el bautismo, la boda, el entierro por ejemplo; es decir los acontecimientos más importantes de la vida de las personas (llegada de un nuevo miembro a la familia, la unión de dos familias, o la despedida final) se acompañan de ritos y celebraciones. El problema es que ahora nos hemos vuelto tan ‘modernos’ que no se celebra nada, y así nos va.

Aunque no lo crean, los ritos y todo lo simbólico es muy importante. Entre otras razones, porque forman parte de la cultura; cada celebración no sólo es la fiesta en sí, sino el sentirse acompañado de la familia y los amigos. En el caso de los velorios y los entierros estamos ‘celebrando’ una despedida, el cierre de una etapa… Por algo las ordenanzas concejiles obligaban asistir a los funerales de los convecinos. De hecho, para la gente de los pueblos asistir a los entierros es algo sagrado, una norma que se sigue a rajatabla.

Bien. A lo que íbamos. En los pueblos a los muertos siempre se los veló en casa: en el comedor, en la cocina, en una habitación… El féretro se ponía en el medio y alrededor se colocaban sillas. La gente iba llegando y daba el pésame a los familiares y se los ‘acompañaba’ en ese momento. De la tristeza de los momentos iniciales de la tarde-noche marcada por el rezo de de los preceptivos rosarios, se pasaba en la madrugada a la charla distendida, incluso algún chiste o anécdotas divertidas del finado. Como la vida misma…

También relacionado con el velorio del muerto esta todo el tema del duelo. Y no me refiero a esa costumbre de vestir de riguroso negro durante un año, sino al proceso de adaptación emocional ante la pérdida de un ser querido. Quizás el velorio ayudaba a la elaboración del duelo…

Por último, no se oculta que detrás de los tanatorios hay una gran negocio. Nos hemos dejado vender la moto, pero… Nadie se quiere complicar y en los tanatorios te lo dan todo ‘frito y migao’, pero…

En fin. No les aburro más. Da un poco de pena que en aras de una modernidad mal entendida se vayan perdiendo algunas costumbres.

Si no estás de acuerdo con las cosas que se dicen aquí, siéntete libre de dejar tu comentario. Valoramos (mucho) las opiniones discrepantes…

La foto es del gran fotógrafo gallego Virxilio Viéitez

Archivos #3: Archivo Histórico Provincial de León: mucha tela que cortar… (ii)


telares fondo imprenta casado

De vez en cuando recibimos correos pidiéndonos información sobre tal o cual monte, o sobre los bienes comunales de uno u otro pueblo.

Pues bien, en la mayoría de casos no podemos responder a los requerimientos, porque en León hay más de 1.800 montes y la documentación sobre comunales y montes ‘públicos’ está dispersa por un amplio número de archivos.

Sin embargo, sí que solemos orientar a quienes nos preguntan dónde buscar y qué documentación mirar. Y el primer lugar que recomendamos visitar es el AHPL, porque como ya comentamos en una anterior entrada, este archivo es depositario del mayor número y mejores fondos para el estudio de los montes y de la historia agraria de la provincia.

Efectivamente, quien quiera saber más sobre los montes y los comunales, y en general sobre la historia de su pueblo, ha de dirigirse en primer lugar al AHPL. Ha de tener en cuenta que de la documentación de montes la más importante es la del antiguo ICONA, pero que también hay mucha documentación de interés de las Delegaciones de Hacienda y de la de Agricultura así como de archivos municipales y concejiles allí depositados. Eso sí hay que tener mucha paciencia.

Así por ejemplo, en los fondos de la Delegación de Hacienda procedentes de la Dirección General de Propiedades [Fondo Hacienda, propiamente dicho] hay una documentación muy variada sobre agricultura, ganadería y otros aspectos de la economía leonesa, como las cartillas evaluatorias de la riqueza rústica, urbana y pecuaria.

El Fondo Desamortización contiene los más de 1.650 expedientes de la desamortización de propios (del. nº 7.686 a 9.336), aunque en muchos casos están repetidos. En estos legajos aparece documentación sobre la venta de comunales, sobre la redención de censos y otros muchos aspectos relativos a las desamortizaciones llevadas a cabo en la segunda mitad del siglo XIX.

También, como ya dijimos, el Fondo ICONA conserva una documentación ingente sobre los montes de la provincia. La temática es de lo más variado y, sin un orden aparente, dentro de un mismo legajo pueden encontrarse expedientes sobre personal, administración y aprovechamientos de los montes públicos, conflictos posesorios.

Por último, hay que indicar que en el AHPL se conserva el Catastro de Ensenada de la mayor parte de los pueblos de la provincia, y los Protocolos Notariales de los siglos XIX y XX, aunque sobre estas dos fuentes concretas esperamos volver en nuevas entradas.